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martes, 24 de noviembre de 2009

Presidios de Espanto (Parte 2)



Otra cárcel de horror fue Alcatraz en E.U., que hoy día es un lugar turístico en la bahía de San Francisco que se alza a 40 metros sobre el nivel del mar. Un islote en el que alguien pensó que sería el lugar idóneo para recluir a la escoria de la sociedad. En 1775 el español Juan Manuel de Ayala lo bautizó como Alcatraz por la gran por la cantidad de aves de esta especie que la frecuentaba.
Siglos después los pájaros dejaron paso a asesinos, criminales y mafiosos que paradójicamente engrandecieron el nombre de Alcatraz convirtiéndolo en leyenda. Empleada en sus primeros años como Fuerte y desde 1868 hasta 1933 como prisión militar, y es en 1934 cuando se transforma en penitenciaria estatal y una inmensa jaula rodeada de agua en la que fuera imposible fugarse.
Los primeros reclusos fueron enumerados del 1 al 32 según su peligrosidad. En medidas extremas de seguridad los reos eran sometidos a 12 recuentos diarios, obligados a ducharse con agua caliente para no habituarse al agua fría y así evitar posibles fugas. Sobre los presos pendía la amenaza de un castigo inhumano, un lugar en el que eran encerrados completamente desnudos, en caso de cometer una infracción y que era conocido como El Agujero.
Eran celdas que iban de la 9 a la 14. El castigo consistía en someter al preso a días de hambre y frio y sin un rayo de sol. El preso acababa enloquecido o muerto. El Alcatraz recibió en sus paredes a los más famosos gangsters volviéndolo en un lugar de interés turístico. Entre ellos están:
ü  Al Capone, el gangster más célebre de la historia. 1899-1947
ü  George Kelly, gangster americano más notorio durante la era de la prohibición.  1895 – 1954
ü  El Escapista, Roy Gardner. 1884 – 1940

Frío, tormentas, nieblas y corrientes han azotado con virulencia a la roca y a todos quienes han estado allí.  Aquellos quienes intentaron  escapar perecieron por la violencia de los carceleros o tragados por el mar. Aquellos que no perdían la vida en El Agujero perecían en reyertas o ajustes de cuentas con otros presos o por la extrema violencia de algunos de los carceleros. 
Una noche, en los primeros años de vida del Alcatraz, unos gritos desgarradores pusieron en alerta a uno de los carceleros de turno de El Agujero. El interno castigado estaba fuera de sí. Gritaba asegurando ver un siniestro ente de ojos rojizos; la madrugada transcurrió  salpicada de alaridos y desesperación, con el preso tratando inútilmente de echar abajo la puerta de aquel calabozo, nadie le hizo caso.
A la mañana siguiente ante el perturbador silencio los carceleros deciden entrar al lugar y se encuentran con el cuerpo inerte del recluso tendido sobre la vieja fría piedra y el cuello marcado por aquello que le había quitado la vida. La autopsia descartó el suicidio y dio paso a lo sobrenatural. Se dijo que posiblemente algún guardia  harto de los gritos lo asesino. Lo cierto es que nadie reconoció aquel crimen.
Días más tarde durante un recuento, quien sabe si sugestionados por el sentimiento de culpa, varios guardias aseguraron haber visto el rostro de aquel hombre al final de la fila. Desde entonces en aquella celda 14, sea cual sea la época del año siempre hace frio.
Los más peligrosos criminales de E.U., espiaron todos sus pecados en aquel calabozo flotante que para muchos siguen deambulando las alma de aquellos quienes aun no han encontrado el perdón.


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