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martes, 24 de noviembre de 2009

Presidios de Espanto (Parte 1)



Fortificaciones de otra época en cuyas entrañas sufrieron y perecieron cientos de millones de seres humanos. La escoria de la sociedad de todos los tiempos fue encerrada en aquellos recintos que en la actualidad siguen intimidando. Tras la belleza salvaje de la comarca de la Mataraya en la localidad de Teruel se esconde una terrible realidad histórica. En los pueblos, en lo más profundo de las casas con historiales aun se conservan terroríficas mazmorras de los siglos XVI, XVII, y XVIII.
Agujeros escavados en la roca viva donde con cualquier escusa los presos eran abandonados a su suerte. Una mazmorra sin ningún tipo de ventilación donde el preso solo podía esperar el indulto o el juicio y en la mayoría de los casos la muerte. No hacían falta los castigos con grilletes y otros elementos de tortura utilizados en la España de la época. Estas cárceles estuvieron por mucho tiempo bajo el poderío de los templarios.
Los presos eran arrojados por agujeros de 3 y 4 metros y al caer sufrían fracturas y se veían obligados a convivir con los restos del preso anterior quien probablemente abría muerto en las mismas condiciones en la que él estaba. Estos penales eran considerados las únicas cárceles eclesiásticas de aquella época. Eran lugares inhóspitos y recintos de terror y crueldad humana.
La falta de alimento, de luz, de ventilación, así como la ausencia  de contacto humano y de contacto con la realidad, sin olvidar que privaban al sujeto del sueño (método utilizado en la II Guerra Mundial), provocaba la locura de muchos así como el suicidio. Cabe mencionar que los carceleros también eran víctimas de las cárceles puesto que sus recintos aunque con mas privilegios terminaban por ser un tormento aun cuando bien remunerado.
Los presos eran encarcelados más que por delitos por faltas no tan graves como pelearse con alguien de mayor jerarquía o robarse un par de gallinas para darles de comer a sus hijos. Es posible que también hubiese personas inocentes pagando prisión en aquel lugar comparado con el infierno.

 Los presos dejaban grafitis para que supieran que habían estado allí. También era muy común que dejaran las palmas de sus manos pintadas en la pared como queriendo rescatar su dignidad de ser humano. Los tatuajes se volvieron una forma muy común de conocer la historia de un preso como sucede con la mafia rusa. Cuáles han sido sus delitos y cuantas veces ha ido a prisión, cada dibujo es una historia. 




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