Hoy se cumplen 120 años de la Guerra entre España y Estados Unidos por el hundimiento del USS Maine en la bahia de La Habana. Lo que realmente paso fue una farsa y una manipulación. El 15 de febrero de 1898 el acorazado estadounidense explotó en el puerto de la Habana, dejando como resultado la muerte de dos oficiales y 250 marineros, y más tarde el número de muertos ascendió a 266 (de una tripulación de 392 personas). Tras una investigación se llegó a la conclusión que la explosión había sido ocasionada por una mina colocada en la parte posterior de la nave. Se acusó a España de sabotaje y la prensa amarillista tuvo gran influencia en lo que más tarde ocurriría. El Gobierno español negó su responsabilidad en el hecho argumentando que de haber sido una mina la causa de la explosión, se habría visto una columna de agua. El 25 de abril comenzó la guerra que dejó 65 mil muertos (5.000 del bando estadounidense y 60 mil de bando español). La verdad saldría a la luz años más tarde cuando se descubrió que además del USS Maine, muchos navíos, tenían las calderas y las carboneras situadas junto a los depósitos donde se almacenaban municiones, pólvora y los proyectiles de las armas, separadas unas de las otras otras por un fino tabique. Si el carbón se encendía por combustión espontánea, calentaba las paredes y provocaría una explosión. La USS Maine cargaba carbón bituminoso con alta reflectancia y alto contenido volátil, es decir más propenso a sufrir una combustión espontánea. La humedad también contribuyó a ello, ya que el barco había pasado los últimos tres meses anclado en la estación naval de Key West (Florida) y sus alrededores donde el clima tropical se caracteriza por los altos niveles de humedad. A día de hoy, numerosos historiadores confirman que lo que ocurrió con el USS Maine fue tan solo un accidente, y fue la prensa estadounidense que controlaban los magnates Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst, quienes manipularon a la opinión pública estadounidense para que apoyase la guerra contra España.
Fuente
Manipulando la historia, Eric Frattini




































Hay quienes no creen en él, pero desde tiempos inmemorables algunos hombres de Dios han luchado por echarle de este mundo, uno de ellos el padre Joaquín Piñón, quien se estremeció cuando en su casa de exorcismos en Barcelona, el diablo le desafió; “No te esfuerces”, le dijo, “solo un hombre puede vencerme”. Piñón le ordeno que le revelara su nombre, y un grito le sobrecogió.
En 1886, siendo capellán del Márquez de Comillas, Verdaguer viajo a Tierra Santa teniendo allí una revelación, quería cambiar de vida, dejar la búsqueda de la gloria literaria y vivir humildemente aliviando el sufrimiento que el maligno causaba a la humanidad, pero no iba a resultar sencillo, el demonio era un rival formidable. Fue entre mayo de 1890 y noviembre de 1892, cuando Piñón y Verdaguer practicaron una decena de rituales de exorcismos, uno de los más complejos fue el de María de Savia, una joven de 19 años que no podía soportar la presencia de nada sagrado y blasfemaba casa vez que escuchaba el nombre de Cristo. Los dos sacerdotes tuvieron que esforzarse al máximo para poder liberar a María, pero ella se resistía con una fuerza sobrehumana, al fin logran calmarla colocándole un crucifijo en la boca liberando a María del demonio que la había poseído.



