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viernes, 25 de octubre de 2013

La Voz de la Naturaleza: La historia de Mirco Mencacci


Cada hombre tiene su propio modo de ver, su lente personal. Algunos vemos con los ojos, otros con las manos, otros con los oídos.

En muchas ocasiones la vista no es suficiente para apreciar la naturaleza que tiene su propia voz. ¿Porqué usar un solo sentido cuando tenemos más? Mirco Mencacci es uno de los más talentosos y reconocidos editores de sonido de cine del mundo, siendo muy niño era ya un apasionado por las películas de vaqueros y aventuras. A raíz de un accidente, su feliz vida cambia cuando, jugando con un viejo rifle, es herido de bala en la cabeza y, aunque salva su vida, pierde la vista. La legislación italiana durante la década de los 70's consideraba a los ciegos seres discapacitados y no les permitían ingresar a escuelas públicas, por lo que la única solución que planteaba el sistema para su educación era la asistencia a un internado con niños con ceguera, los cuales recibían clases especialmente pensadas para su condición y los formaban en uno o dos oficios. Se consideraba que sólo podían ser útiles como operadores de teléfonos o tejedores. Se los apartaba de su familia y la escuela tenía una fuerte impronta religiosa

Entonces su existencia dará un giro cuando halla una vieja grabadora de cinta y descubre que empalmándola puede crear cuentos de hadas sólo a partir de los sonidos. Tanto para Mirco como para los demás chicos las cintas repletas de sonido, poesía y magia que transforman sus oscuras existencias donde los sonidos son protagonistas, en donde en una secuencia de sonidos donde pasa del invierno hasta el verano quedan grabadas con coloridas tonalidades en aquella vieja grabadora lo cual sería el punto de apoyo que le permitirá a Mirco hallar, con el paso del tiempo, su oficio de sonidista en numerosas producciones italianas.

El director italiano, Cristiano Bortone, en su película, Rojo como el cielo (Rosso come il Cielo) nos muestra niños llenos de vida y de creatividad, además se observa lo negativo de su exclusión, la necesidad de participar de entornos de la comunidad, de compartir con niños de su edad que tenga la capacidad de ver y el positivo intercambio que se produce cuando se ponen en juego valores como la solidaridad.

La discapacidad de Mirco es una condición de vida y no una fatalidad y que las adecuadas experiencias escolares acordes a sus inquietudes, son las que le permitirán descubrir su verdadera vocación.

martes, 10 de julio de 2012

Brad Cohen, un ejemplo de vida


Yo soy partidaria de aquello que Dios pone dones en aquellas personas en quienes los hombres no creen. Una de esas historias es verdadero ejemplo de éxito es Brad Cohen, quien comenzó a manifestar un extraño comportamiento a  escasos 6 años, y que era blanco de la burla de la gente. Se trataba de una extraña condición conocida como Síndrome de Tourette consiste en que la persona que la padece hace extraños ruidos y movimientos abruptos con su cuerpo cuando vive momentos de tensión.La delicada situación con Brad llego al punto que a su padre le recomendaron que buscara a un exorcista, pero su madre sabia que Brad era honesto al decirle que lo que le sucedía simplemente era incontrolable, entonces empezó a investigar por su propia cuenta en literatura médica, y encontró la respuesta a lo que Brad padecía, y decidió llevarlo a un grupo de apoyo para personas con esta condición, pero se dieron cuenta que los asistentes tenían un espíritu de derrota, por lo que la Sra. Cohen lo sacó de la reunión para evitar que el niño se sintiera mal. Brad logró graduarse de la secundaria e ingreso a la universidad, de donde se graduó siendo el mejor de su clase, pero una vez graduado presento su hoja de vida en 24 colegios donde fue rechazado por causa de sus tics. Brad era considerado un incapacitado y para nada confiable como profesor, pero finalmente en 1997 entro a trabajar en el Mountain View Elementary School, y ese mismo año fue galardonado con el premio Sallie Mae Primera Clase de Maestros del año.


Durante la época de estudiante Cohen fue tachado de alborotador y de tratar de llamar la atención en clase, cosa que le causaba muy seguido problemas con los maestros. Los extraños movimientos y ruidos sorpresivos e inoportunos lo alejaban cada vez más de sus amistades y de la posibilidad de llevar una infancia normal. Varias veces fue humillado en clase cuando se le obligaba a pasar al frente para excusarse por las molestias causadas y prometer que no volvería a hacerlo, pero la realidad era que era algo que él por voluntad propia no podía controlar, y por esta razón era constantemente castigado incluso por su propio padre. 

En la actualidad Brad Cohen se destaca como su labor como profesor, además de ser conferencista, escritor y orador motivacional. Ha sido reconocido por su libro: Front of the Class: How Tourette Syndrome Made me the Teacher I Never Had, y en el año 2008 la pelicula que lleva el mismo nombre:Front of the Class
Para comprender mejor este sindrome les comparto un video








miércoles, 21 de diciembre de 2011

Lizzie Borden


 En la última década la series de forenses de investigación criminales, de dramas policiales nos han casi conducido al conocimiento de una serie de elementos, de términos, a visualizar una serie de cosas dentro de lo que es la pura pesquisa para encontrar al culpable que ya forman parte de nuestro acerbo colectivo.
Muchas veces la nueva investigación forense comienza a descubrir claves sobre antiguas historias que permanecían impunes. En Estados Unidos esto es casi cotidiano, pero existen algunos casos que tienen el componente del misterio, de los fenómenos paranormales, de la tremenda crudeza y de toda una serie de enigmas.
Es el año de 1892, cuando en Fall River, una localidad tranquila de Massachusetts se cometen dos crímenes, nadie se dio cuenta de lo que había sucedido, salvo una persona que no supo dar una explicación coherente. Se hablan de psicofonías, apariciones y testimonios. Se trata de los crímenes en casa de la familia Borden, Lizzie, la menor de las hijas fue la sospechosa de dicho crimen. Lizzie Andrew Borden nació en la pequeña localidad de Fall River en 1860; su padre, Andrew Jackson Borden, era un hombre de negocios de la zona con varias propiedades en el pueblo. Su madre, Sarah Anthony Morse, falleció en 1863, y dos años después Andrew Borden volvió a contraer matrimonio con Abby Durfee Gray. Lizzie tenía además una hermana mayor, Emma Lenore ,que, como ella, nunca se llegó a casar.
 
La vida de los Borden era cómoda y holgada, gracias a los ingresos de Andrew Borden. No obstante, no fue una familia feliz. Ni Lizzie ni Emma soportaban a su madrastra, Abby, a la que consideraban una mujer grosera e interesada. Su relación se deterioró mucho en los últimos días de su convivencia, a pesar de que Abby fue su madrastra durante 28 años. Andrew y Abby no tuvieron hijos juntos. Todo aconteció el 4 de agosto de 1892 cuando Andrew Borden y su mujer fueron asesinados con lo que se presume podría ser un hacha. Las únicas personas presentes en la residencia familiar en aquel momento eran Lizzie y la criada, Bridgette Sullivan, que llevaba trabajando para la familia más de dos años. Emma Borden se encontraba entonces de visita en casa de unos amigos. El tío materno de las hermanas Borden, John Vinnicum Morse, estaba de visita en casa de los Borden aquellos días, pero no se encontraba en la casa cuando tuvieron lugar los asesinatos.
 Aquella mañana, Andrew Borden había ido al centro del pueblo a hacer algunos recados al banco y a la oficina de correos. Regresó a su casa en torno a las 10:45 de la mañana. Aproximadamente media hora después, su hija Lizzie descubrió su cadáver. El cuerpo de Andrew Borden se encontraba recostado en el sofá del salón, con el cráneo gravemente mutilado y con la cabeza ladeada, como si lo hubiesen asesinado mientras descansaba.
Pocos minutos después, varios amigos y vecinos, enterados de lo sucedido, fueron a la casa de los Borden para tranquilizar a Lizzie. Fue entonces cuando la criada y una vecina, Alice Churchill, descubrieron en la habitación de invitados, en el primer piso, el cuerpo inerte de Abby Borden, cuyo cráneo también había sido golpeado numerosas veces con un objeto afilado. 
 Después de la muerte de la primera esposa de Andrew Borden, la situación entre sus hijas y su nueva esposa era algo incomoda.  La casa había sido dividida, en una parte de la casa vivían las hermanas Borden, y en la otra parte de la casa el señor Borden con su nueva esposa. La mayoría veces la familia no comia junta. El día de los asesinatos, el tío materno de las hermanas fue a concretar el asunto de la herencia de su hermana, y además hubo una discusión y luego las hermanas salieron de la casa, pero Lizzie llego antes de lo previsto a su casa. Lizzie había ido a la farmacia local a comprar acido prúsico para limpiar un abrigo, pero el farmacéutico Eli Bence se negó a vendérselo. También por aquel entonces la familia cayó enferma de lo que se diagnosticó podía ser una indigestión provocada por comida en mal estado; la señora Borden afirmó que alguien había intentado envenenarlos.
 Lizzie Borden fue detenida el 11 de agosto; el juicio comenzó diez meses después en New Bedford, Massachusetts. Su testimonio parecía incoherente e inverosímil, y su comportamiento le granjearon las sospechas del público. Fue acusada de los asesinatos y su defensa estuvo dirigida por el ex gobernador de Massachusetts, George D. Robinson, y Andrew V. Jennings. Durante la investigación se encontró un hacha en el sótano de la casa de los Borden y se supuso que debía ser el arma homicida. Aunque estaba limpia, el hacha tenía el mango roto, algunos que la acusación alegó podría ser porque el mango estaba manchado de sangre. No obstante, un policía interrogado en el caso afirmó que al lado de la cuchilla había un mango de hacha, y el forense declaró posteriormente que no hubo tiempo material para limpiar el hacha después de los asesinatos. No se encontraron pruebas que inculparan a Lizzie y fue absuelta y liberada.

martes, 27 de septiembre de 2011

El Escribidor


 Qué difícil es permanecer frente a un computador o frente a una hoja de papel, tronándose los dedos o jugando con el bolígrafo sin saber que decir, ni cómo decir, ni tener la palabra precisa para comenzar. Siempre se comienza, aunque se duren muchas horas pensando y pensando que es lo que se va a decir. Así no comencé yo, así comenzaron todos, desde García Márquez hasta el jovencito que intenta hacer un ensayo en su clase de español, pero es maravilloso cuando las ideas fluyen, y aún más maravilloso cuando otro lee aquellas ideas esbozando una sonrisa de esas que normalmente se conocen de satisfacción, ese es el mejor de los premios, y la más hermosa de las recompensas. 
Todos los escritores comienzan esa aventura por el mágico y maravilloso mundo de la palabra y las ideas de formas muy diferentes, y en el trayecto vamos experimentando muchos cambios, algo así como mutaciones, pero todas son positivas, aunque siempre se colecciona basura, esa basura que termina en la gaveta de algún familiar que amó eso que quisieras olvidar pero que hace parte de esa transformación y por lo tanto es algo nacido de ti, es algo así como….ahh ok, como el hijo defectuoso, o la oveja negra, que por más que se quiera apartar es demasiado tarde, quedara ahí presente siempre. 
 Piensen en un gran edificio, un ensueño, la fantasía más excitante de cualquier escritor o de cualquiera que tenga el afán de aprender y de entrar al fascinante universo de los libros. Un día halle ese sitio, y lo ame y no he dejado de amarlo, y cada que lo veo en mis recuerdos lo añoro. Ese fue mi hogar, mi refugio, ahí nací en una forma muy diferente, ahí sufrí esa maravillosa transformación. De ese lugar conocí cada rincón, y aprendí a valorar otras cosas, otro universo, no alejado del nuestro, más bien diferente, algo así como una gran y majestuosa incubadora llena de conocimientos, de ideas y del hermoso arte de escribir.
 En ese lugar aprendí que no hay historia mala sino mal contada, y tome todas las que pude, nunca encontré reproches ni limitantes, nunca salí llorando, ni con decepciones, siempre salí con algo, con alguien nuevo dentro de mí, y me enamore de ese alguien, y eso es algo maravilloso que tenemos los escritores, enamorarnos del Yo creativo, del Yo que escribe, del Yo que investiga, y por lo tanto cada día nos enamoramos más de lo que hacemos, de lo que escribimos, y defendemos hasta la muerte eso. Para nosotros no hay historia que no merezca ser contada, por lo tanto todas las que puedan ser contadas las atrapamos y las mostramos al mundo aunque ese mundo nos reproche y nos limite el acto de mostrar lo que el mismo ha creado.