Quizás suene un tanto descabellado pensar que un santo pueda hacerle milagros a los narcotraficantes, pero lo que si es cierto es que en los mundillos donde la mafia lo gobierna todo y en donde la justicia del hombre pareciera ser la mas imponente, hay un personaje polémico llamado Jesús Malverde perteneciente al folclore del estado mexicano de Sinaloa.
De acuerdo con las creencias locales, Jesús Malverde fue un bandolero que operaba en los Altos de Culiacán. Malverde asaltaba y robaba a los hacendados y familias adineradas de la región y luego repartía el botín con los más pobres. Para muchos era considerado un santo, aunque todavía hay interrogantes acerca de su existencia real. Se afirma que la muerte, por hambre, de sus padres, victimas de los abusos de los terratenientes, fue lo que lo llevo a convertirse en un criminal.
La iglesia católica no reconoce los milagros que se le han adjudicado y por ende no se le reconoce como santo. A Malverde se le han construido tres capillas donde cada 3 de Mayo se le celebra su día. Una capilla, la principal se encuentra en Culiacán (México), otra se encuentra en Cali (Colombia) y la otra se encuentra en Los Ángeles (E.U.), consideradas estas como rutas de la droga por aquellos que han pertenecido al mundillo de los narcos.
En cada una de las capillas hay placas con los nombres de los narcotraficantes de la zona, y alguno que otro grupo de mariachi que se pase días cantando los famosos “narco-corridos”. Entre las placas más curiosas esta una de Pedro Pérez quien por años fuera comandante de la policía de Culiacán, y que hoy día se encuentra en prisión, aunque se dice que Malverde lo salvo en tres ocasiones de ser acribillado. La ultima vez que el santo le salvo la vida fue durante una balacera donde perdiera la vida su protegido Rodolfo Carillo Fuentes, hermano menor y sucesor de “El Señor de los cielos” Amado Carrillo, el jefe del Cartel de Juárez que a finales de la década de los 90’s vivió en la Argentina.
Muchas historias han sido relatadas, otras de ellas han quedado enterradas en el olvido y en la profundidad de aquellas memorias que no quieren recordarlas y que se niegan a hacerlas vivir de nuevo. El Pabellón del Enigma es la recopilación de todas aquellas historias que han quedado en el más terrible abandono y que esperan que alguien las vuelva a narrar. Nombres que quizás ya nadie recuerde o que nadie quiera recordar.
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lunes, 3 de mayo de 2010
jueves, 8 de abril de 2010
El loco de Vitoria
Vitoria (Álava) se caracterizaba por ser una ciudad pacifica durante la década de los 50´s, pero fue en aquel 1955 cuando se escribió en la estación de esta ciudad ibérica la última página de un suceso que conmovió a la ciudad, el crimen en el bar “Carabanchel”. Se derramo tanta sangre que muchos pensaron que aquello solo podía haber sido obra de un loco.
Ni el tiempo, ni los esfuerzos por enterrar el asunto han logrado borrar las huellas que los disparos de Arturo Santamaría dejaron en la consciencia de la sociedad vitoriana. Aquel 12 de febrero de 1955 quedo para siempre marcado con letras negras en la historia de aquella pacifica ciudad. Todo comenzó cuando Santamaría entra en el bar pasadas las 10:30 de la noche, estaba tranquilo.
A los pocos minutos de haber llegado se dirige a la barra y ordena una copa de vino, y luego una copa de coñac, saboreándola como si fuese la última de su vida. Luego de observar por largo rato a un grupo de cinco jóvenes que charlaban animadamente, Arturo se levanta para ir al baño. Su tardanza es la única señal de que algo no andaba bien. Pese a que algunos clientes se extrañaron, no tuvieron tiempo de reaccionar.
Los disparos fueron precisos, y acaban con las vidas de: José Martínez Muñoz, José María Alejarreta, los hermanos Pablo y Francisco Santamaría y Julio Veitegui, quien luego de varios días de gravedad, finalmente muere. El arma se encasquilla cuando Arturo Santamaría le dispara al dueño del bar, quien se salva de ser la sexta víctima.
Santamaría trata de huir y luego de cinco horas de estar oculto en el sótano de una casa es dado de baja por la policía, la muerte del criminal cerró el caso, quedando muchas interrogantes en las muertes de aquellas cinco personas, quienes ocupaban cargos importantes en la política.
A pesar que se había hablado de algún tipo de venganza, versiones oficiales sostuvieron que la matanza del bar “Carabanchel” había sido obra de un perturbado mental y nunca se volvió a tocar el tema. Según la policía y peritos forenses los disparos parecían obra de un profesional.
martes, 24 de noviembre de 2009
Presidios de Espanto (Parte 2)
Otra cárcel de horror fue Alcatraz en E.U., que hoy día es un lugar turístico en la bahía de San Francisco que se alza a 40 metros sobre el nivel del mar. Un islote en el que alguien pensó que sería el lugar idóneo para recluir a la escoria de la sociedad. En 1775 el español Juan Manuel de Ayala lo bautizó como Alcatraz por la gran por la cantidad de aves de esta especie que la frecuentaba.
Siglos después los pájaros dejaron paso a asesinos, criminales y mafiosos que paradójicamente engrandecieron el nombre de Alcatraz convirtiéndolo en leyenda. Empleada en sus primeros años como Fuerte y desde 1868 hasta 1933 como prisión militar, y es en 1934 cuando se transforma en penitenciaria estatal y una inmensa jaula rodeada de agua en la que fuera imposible fugarse.
Los primeros reclusos fueron enumerados del 1 al 32 según su peligrosidad. En medidas extremas de seguridad los reos eran sometidos a 12 recuentos diarios, obligados a ducharse con agua caliente para no habituarse al agua fría y así evitar posibles fugas. Sobre los presos pendía la amenaza de un castigo inhumano, un lugar en el que eran encerrados completamente desnudos, en caso de cometer una infracción y que era conocido como El Agujero.
Eran celdas que iban de la 9 a la 14. El castigo consistía en someter al preso a días de hambre y frio y sin un rayo de sol. El preso acababa enloquecido o muerto. El Alcatraz recibió en sus paredes a los más famosos gangsters volviéndolo en un lugar de interés turístico. Entre ellos están:
ü Al Capone, el gangster más célebre de la historia. 1899-1947
ü George Kelly, gangster americano más notorio durante la era de la prohibición. 1895 – 1954
ü El Escapista, Roy Gardner. 1884 – 1940
Frío, tormentas, nieblas y corrientes han azotado con virulencia a la roca y a todos quienes han estado allí. Aquellos quienes intentaron escapar perecieron por la violencia de los carceleros o tragados por el mar. Aquellos que no perdían la vida en El Agujero perecían en reyertas o ajustes de cuentas con otros presos o por la extrema violencia de algunos de los carceleros.
Una noche, en los primeros años de vida del Alcatraz, unos gritos desgarradores pusieron en alerta a uno de los carceleros de turno de El Agujero. El interno castigado estaba fuera de sí. Gritaba asegurando ver un siniestro ente de ojos rojizos; la madrugada transcurrió salpicada de alaridos y desesperación, con el preso tratando inútilmente de echar abajo la puerta de aquel calabozo, nadie le hizo caso.
A la mañana siguiente ante el perturbador silencio los carceleros deciden entrar al lugar y se encuentran con el cuerpo inerte del recluso tendido sobre la vieja fría piedra y el cuello marcado por aquello que le había quitado la vida. La autopsia descartó el suicidio y dio paso a lo sobrenatural. Se dijo que posiblemente algún guardia harto de los gritos lo asesino. Lo cierto es que nadie reconoció aquel crimen.
Días más tarde durante un recuento, quien sabe si sugestionados por el sentimiento de culpa, varios guardias aseguraron haber visto el rostro de aquel hombre al final de la fila. Desde entonces en aquella celda 14, sea cual sea la época del año siempre hace frio.
Los más peligrosos criminales de E.U., espiaron todos sus pecados en aquel calabozo flotante que para muchos siguen deambulando las alma de aquellos quienes aun no han encontrado el perdón.
Presidios de Espanto (Parte 1)
Fortificaciones de otra época en cuyas entrañas sufrieron y perecieron cientos de millones de seres humanos. La escoria de la sociedad de todos los tiempos fue encerrada en aquellos recintos que en la actualidad siguen intimidando. Tras la belleza salvaje de la comarca de la Mataraya en la localidad de Teruel se esconde una terrible realidad histórica. En los pueblos, en lo más profundo de las casas con historiales aun se conservan terroríficas mazmorras de los siglos XVI, XVII, y XVIII.
Agujeros escavados en la roca viva donde con cualquier escusa los presos eran abandonados a su suerte. Una mazmorra sin ningún tipo de ventilación donde el preso solo podía esperar el indulto o el juicio y en la mayoría de los casos la muerte. No hacían falta los castigos con grilletes y otros elementos de tortura utilizados en la España de la época. Estas cárceles estuvieron por mucho tiempo bajo el poderío de los templarios.
Los presos eran arrojados por agujeros de 3 y 4 metros y al caer sufrían fracturas y se veían obligados a convivir con los restos del preso anterior quien probablemente abría muerto en las mismas condiciones en la que él estaba. Estos penales eran considerados las únicas cárceles eclesiásticas de aquella época. Eran lugares inhóspitos y recintos de terror y crueldad humana.
La falta de alimento, de luz, de ventilación, así como la ausencia de contacto humano y de contacto con la realidad, sin olvidar que privaban al sujeto del sueño (método utilizado en la II Guerra Mundial), provocaba la locura de muchos así como el suicidio. Cabe mencionar que los carceleros también eran víctimas de las cárceles puesto que sus recintos aunque con mas privilegios terminaban por ser un tormento aun cuando bien remunerado.
Los presos eran encarcelados más que por delitos por faltas no tan graves como pelearse con alguien de mayor jerarquía o robarse un par de gallinas para darles de comer a sus hijos. Es posible que también hubiese personas inocentes pagando prisión en aquel lugar comparado con el infierno.
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