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sábado, 22 de febrero de 2014

Voces Cautivas

Violación de derechos humanos, tortura, arbitrariedad, todo esto y más hace parte del día a día de la sociedad venezolana. La libertad es una utopía, solo está el fantasma de Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro. El libertador ya lo había pronosticado en su carta escrita precisamente desde Barranquilla al General venezolano Juan José Flores el 9 de noviembre de 1830, manifestando su profunda preocupación por el futuro de la Nueva Granada: “este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles de todos los colores y razas”.



Ahora protestan voces cautivas, que el gobierno quiere desconocer con la violencia brutal y sanguinaria que han ejercido sobre los jóvenes estudiantes que exigiendo sus derechos gritan por una libertad, que fue arrebatada por Chávez, y por la vida que han dejado en las calles del estado venezolano. Los derechos no existen, la inseguridad y la incertidumbre ahora tiene gran protagonismo en las vidas de millones de venezolanos que quieren defender su tierra aun a sabiendas del peligro de corren.
Nicolás Maduro ha creado el más cruel de los escenarios basándose en atropellos, delincuencia organizada, terrorismo, e injusticia. Nuestros hermanos están padeciendo en su propia casa, viendo como una lucha pacífica va tomando tintes violentos y ante la impotencia de no poder poner a todos los culpables en su lugar. 




El gobierno de Nicolás Maduro lejos de velar por la seguridad de los ciudadanos señala violentamente a la oposición, siendo precisamente esta la que hace posible una democracia, en donde todos tengan derecho a expresarse sin sentirse amenazados en su integridad personal. El propio presidente Maduro es un reflejo del complejo de aquellos piensan que la sociedad y Dios están en deuda con ellos, y que en medio de su ignorancia y su desmedida brutalidad tienen el poder para decidir sobre el futuro de un país entero. Un individuo de la calaña de Nicolás Maduro es el claro ejemplo del odio y la carencia de valores que mezclado con un poder corrupto puede llegar a derribar económicamente a un país rico que bien podría haber sido una potencia latinoamericana. 





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