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miércoles, 5 de septiembre de 2012

El Fantasma de Arkansas


Un caso que conmociono a la nación norteamericana en a finales de la década de 1920 cuando un vagabundo llamado Connie Franklin testifico en un juicio por asesinato. Todo comenzó en enero de 1929, cuando Connie Franklin se traslado al pueblo de St. James en Stone County, Arkansas. Aquel joven de 22 años pronto consiguió un trabajo cortando madera en una granja. Poco después de su llegada a Arkansas comenzó a cortejar a una joven de 16 años llamada Tillar Ruminer. En marzo de aquel mismo año, Connie Franklin desapareció, y luego de una exhaustiva investigación el Sheriff Sam Johnson presento a Bertha Burns y Tillar Ruminer como evidencia ante el jurado, pero no se tomo ninguna medida.
No fue hasta otoño de 1929 cuando Bertha Burns se contacto con el Sheriff Johnson asegurándole haber encontrado un sombrero ensangrentado que supuestamente pertenecía a Franklin, Burns había entrado en contacto con Sheriff Johnson, con quien fue a un pozo de cenizas alegando que allí podría encontrarse una evidencia del asesinato de Franklin. En aquel pozo el Sheriff Johnson encontró lo que pudieran ser unos fragmentos de huesos y dientes, que fueron llevados a medicina legal donde el Dr. CW Garrison determino que al menos uno de los fragmentos hallados en aquel pozo pertenecía a un cráneo humano. Meses después, Johnson recibió una nota que le proporcionaría algunas pistas que lo llevarían a la verdad.
 Tillar Ruminer en el mes de mayo le había asegurado al Sheriff Johnson que en marzo ella y Franklin habían sido atacados por unos “jinetes nocturnos” el 9 de marzo de 1929 cuando se dirigían donde el juez que los casaría y que fueron atacados por cuatro hombres: Hubert Hester, Herman Greenway, Joe White y Bill Younger. Ruminer aseguro que había sido violada por uno de ellos mientras que los otros, torturaron, mutilaron y luego quemaron vivo a Franklin. Cuando las autoridades cuestionaron el retraso de Ruminer ella dijo que se había mantenido callada debido a la violencia que había sufrido, además de las amenazas de muerte, además de arremeter contra sus padres y hermano.
El 5 de diciembre, La Gaceta de Arkansas publico un titular diciendo que Connie Franklin había sido visto con vida después del supuesto asesinato, que había estado trabajando para Elmer Wingo, un agricultor, y que había estado buscando trabajo durante el mes de marzo de 1929.
 El supuesto Connie Franklin fue examinado, y conocidos aseguraron que ese no era Franklin, que en realidad era conocido como Rogers, pero Tillar Ruminer y su padre aseguraron que aquel hombre no era Connie Franklin, y mantuvieron esta respuesta incluso durante el juicio que se estaba siguiendo. Rogers pudo identificar a Tillar Ruminer y al padre de esta, mientras que otros en la comunidad, incluso los acusados, aseguraron que Rogers y Franklin eran la misma persona.
El caso comenzó a complicarse cuando se descubrió que el hombre que hacía llamarse Connie Franklin se llamaba en realidad Marion Franklin Rogers, que tenía una esposa y que era padre de cuatro hijos. En las investigaciones salieron hechos como que en 1926 Marion Franklin Rogers había sido internado en un hospital psiquiátrico de donde se había escapado tres meses después. Después de un arduo trabajo investigativo el Dr. JE Luther confirmo que a través de la comparación de sus registros de los hopitales Marion Franklin Rogers era Connie Franklin. Los restos óseos que se habían presentado en el juicio perdieron valor, pero Tillar Ruminer insistia que Connie Franklin y Connie Franklin no eran la misma persona y relato su versión de los hechos.
 Marion Franklin Rogers afirmo durante la audiencia que había estado bebiendo con los acusados y que no había visto a Ruminer hasta el día siguiente. Ruminer le había dicho que quería posponer la boda hasta otoño, a lo que él le respondió que si no se realizaba la boda inmediatamente no habría boda. Ella no quiso, así que él salió de la ciudad y trabajo en el cercano Humphrey para no volver, hasta que se enteró de que otros fueron a juicio por su asesinato. Hizo esfuerzos para explicar que la historia tuvo sus orígenes en las guerras de licor entre las familias Hess, los Younger y los Greeways.
La defensa también alegó que los enemigos de los acusados habían utilizado la desaparición de Franklin, para acusarlos de asesinato, incluyendo la colocación de huesos de animales en una fogata en el bosque. En el extremo, el juicio duró dos días. El Juez S.M. Bone dijo al jurado que el juicio ya había costado al condado. Al día siguiente, se emitió un veredicto de “no culpable”. En diciembre de 1932, tres años después del juicio, Rogers fue encontrado muerto tirado al lado de una carretera en las afueras de Clarendon, AR. Los informes médicos mostraron que tenía apendicitis. 

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