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miércoles, 13 de abril de 2011

Metilico: La bebida de la muerte

 Los fantasmas del pasado siempre regresan, en los sotanos del palacio de justicia de Orense esta archivado el caso de envenenamiento masivo mas desconocido por la justicia española. En su momento desencadeno el proceso judicial mas voluminoso despues de la causa por la guerra civil. Un funcionario judicial conduce a un periodista por unos pasillos interminables hasta llegar a las estanterias del sumario, ambos lo descubrieron por accidente traspapelado entre toneladas de documentos. Durante 5 años Fernando Mendez lo analizo completo, 50 años mas tarde ha quedado al descubierto una de las paginas mas oscuras y desconocidas del regimen. 
Esto era un afan desmedido de lucro por parte de un bodeguero llamado Rogelio Aguiar, quien podria hacer el negocio de su vida comercializando un veneno como el alcohol metilico y con el, fabricando bebidas alcoholicas, fundamentalmente, aguardientes, ron ginebra, licores, etc. Si tenemos en cuenta que una sola copa basta para matar a una persona no hay mas que hacer una operacion matematica para saber que 75 mil litros de veneno mezclado con agua, con sustancias dan para mucho, sobretodo para causar un gran estrago, tanto desde dejar ciegas a las personas como de causar victimas mortales. 
 Libia Rodriguez es vecina de la aldea de Pena Canile; del cajon afloran los recuerdos de una familia numerosa, demasiadas pcas que alimentar, ella era muy pequeña cuando ocurrio todo. Una mañana de primavera de 1963 su padre se quedo ciego. Libia acude a menudo a visitar la tumba de su padre, Don Emilio fue el último afectado en morir de una larga lista de victimas. Según la sentencia 51 muertos y nueve ciegos, sin embargo en el camposanto local hay mas tumbas del año 63 y una inquietante sospecha en el aire. Hablamos de miles de muertos, no solamente en España sino en Guinea, las colonias españolas, y en Estados Unidos donde murieron vagabundos en el puerto de Nueva York a causa de haber tomado alcohol metílico.
 ¿Cuánta gente se ha enterrado con veneno en las entrañas sin que se haya podido realizar una autopsia? En 1963 todos los periódicos daban la voz de alarma, y la mecha del miedo se prendía en la sociedad de aquel entonces. Desde la bodega del principal responsable, Rogelio Aguiar, se había servido partidas de alcohol industrial destinado a disolventes, barnices y pinturas. Entre los titulares aparecían las primeras fotos de los fallecidos, las viudas, de la muerte embotellada; también de los 11 sentados en el banquillo y de la alarma social, durante semanas los bares quedaron vacíos en una imagen insólita, 75 mil litros de veneno circulaban por todo el territorio, ninguna botella estaba libre de sospecha, ninguna cantina, tampoco las conservas, ni siquiera el fiscal que llevo el caso fue capaz de dimensionar las consecuencias. 
 Tras el juicio, los 11 fueron condenados de 1 a 20 años de cárcel, y a indemnizaciones millonarias, pero ninguno de los responsables cumplió mas de 5  años y ningún afectado recibió su dinero. El estado les dio la espalda, a nadie le interesaba asustar a los primeros de miles de turistas europeos, que acudían a las costas ibéricas en busca de sol, alcohol barato y diversión. Hoy años después seria imposible algo así, ya que hay garantía de control y el proceso sigue siendo artesanal, se analizan todas las bebidas  que se producen en Galicia, en el resto de las comunidades sucede lo mismo. Como en una broma de mal gusto, en la etiqueta trasera de las botellas de la muerte aparecía un poema de Rosalía de Castro: “Adiós ríos, adiós fuentes. Adiós regatos pequeños, adiós vista de mis ojos, no se cuando nos veremos”. 







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