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lunes, 8 de julio de 2013

Los Lupanares en Roma

La prostitución en la Roma clásica era concebida como un bien social y necesario. Se trata sin duda alguna del oficio más antiguo del mundo, era ejercido en la capital del Imperio tanto por hombres como por mujeres de todos los estratos sociales. Estos profesionales ofrecían sus servicios siguiendo las costumbres sexuales propias de una sociedad como la romana. Para los romanos los mayores tabúes eran el sexo oral y el hecho de asumir el rol de pasivo.

Los Lupanares o burdeles realizaban una importante función social en el Imperio Romano. La prostitución a pesar de no ser considerada un delito, las prostitutas carecían de ciertos privilegios: no podían contraer matrimonio con romanos libres (probrosae), y tampoco podían redactar testamento ni recibir herencia (infamia). No obstante, el libertinaje sexual de las meretrices era sinónimo de deshonra; a mediados del siglo I sus servicios comenzaron a ser gravados de manera que tenían que abonar un impuesto.

 Los romanos tenían ciertas preferencias por las prostitutas rubias, a imitación de esclavas germanas. De las prácticas repugnantes y a la vez más costosas se encontraban la felación y el cunilingus, y la única forma que el cliente pudiese disfrutar de esto era si la prostituta se ofrecía para realizar estas prácticas. 
Los hombres casados podían echar asistir a los lupanares, para poder así desahogar sus más bajos instintos sexuales evitándose el problema que acarrea tener una amante. En ocasiones los templos ocultaban este tipo de prácticas, donde las sacerdotisas ejercían la prostitución sagrada como servicio a los dioses. Las vidas de las prostitutas era una vida dura, ya fuesen esclavas o mujeres libres. La palabra prostituta viene de prostatuere que significa “estar colocado delante, mostrarse”. Los burdeles en Roma entran por lo general antros de vicio, relativamente baratos, asequibles para las clases medias. Las tarifas que se cobraban por un servicio podían equivaler a las de una copa en una taberna. Pero el sexo, también, tenía lugar en las calles, en los pórticos de los antiguos teatros, o en las termas, que en la edad imperial se convierten en un lugar promiscuo al desaparecer la separación entre sexos.

En el mundo romano existían ciertas distinciones entre las mujeres dedicadas a esta vieja profesión: 

§  Lupae: las que ejercía el oficio en los lupanares.

§  Noctilucae: las que sólo trabajaban por la noche.

§  Copae: las que trabajan en la Caupona (era una tienda de bebida rápida y comidas frías ya preparadas – generalmente vino, chacinas, quesos o encurtidos – que podías tomar o llevar. No había bancos ni mesas, sino una barra al exterior en la que los clientes por un as podían templarse con una copa de vino y algo que roer).

§  Fornicatrices: los que se lo hacen bajo los arcos de puentes o edificios. El términofornix significa arco de donde proviene fornicar (tener relaciones con una puta).

§  Forariae: ejercían en los caminos rurales próximos a Roma y sus principales clientes eran los viajeros.

§  Bustuariae: cerca de cementerios… con un poco de misterio.

§  Prostibulae: en la calle sin ningún control. Recordemos que según escribió Tácito, historiador romano, las mujeres que querían ser prostitutas estaban obligadas a registrarse ante la oficina del edil. Una vez inscritas (nombre, edad, lugar de nacimiento, y su “nombre de guerra”) se concedía la licencia (licentia Stupri)

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