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jueves, 18 de octubre de 2012

Ted Boundy, los primeros crimenes


“Un hombre guapo, inteligente, romántico, tierno, encantador…”, así era considerado por sus amigos, novias y los que conocían a Theodore “Ted” Robert Cowell Bundy. Como ocurre con la mayoría de los asesinos seriales, Ted Bundy era un joven locuaz, inteligente, apuesto e indiscutible candidato al éxito, pero detrás de esa fachada de carisma se escondía un monstruo que había crecido en un hogar disfuncional. Bundy protagonizo una orgia de sangre que se prolongaría durante 5 largos años, nadie lo podía detener, solo acabando con él.
 Bundy nació en 1946, hijo de una joven soltera que provenía de una familia puritana. Durante sus primeros años de vida Bundy es víctima del rechazo de su madre, por lo que es criado por sus abuelos a quienes él cree sus padres y a su madre, su hermana mayor. Ted vivió la violencia que su abuelo manifestaba al maltratar a su mujer, y esta violencia se vería reflejada más tarde al llegar a su adolescencia, desarrollando un carácter tímido e infantil. Comienza a alejarse de sus amigos, y adopta un cruel y extraño comportamiento con respecto a todo lo que le rodea, como mutilando cuanto animal caía en sus manos.

Ted Bundy fue considerado un estudiante ejemplar, pero a consecuencia de un fracaso amoroso abandona los estudios durante un tiempo, y cuando retoma los estudios en la Universidad de Washington (Seattle) decide matricularse en la facultad de Derecho, donde se destaca por ser un alumno brillante y estimado por sus profesores. Entre los años de 1969 y 1972, estuvo involucrado en actividades comunitarias, incluso llego a obtener una condecoración de la policía de Seattle por salvar a un pequeño de 3 años de morir ahogado. Bundy estaba relacionado con reconocidas figuras del Partido Republicano de los Estados Unidos.
Las cosas comenzaron a cambiar en 1973, cuando Bundy retomo un romance con Stephanie Brooks, una ex novia de juventud, pero la relación fracaso de nuevo al poco tiempo forzando a Bundy a abandonar a la chica sin que ella no volviera a saber de él. La vida delictiva de Bundy inicio en 1974 con una serie de hurtos y ataques, como aquella del 4 de enero cuando irrumpe en la habitación de Joni Lenz, una joven universitaria de 18 años. Ted toma una palanca metalica y golpea a la chica dejándola inconsciente para luego violarla salvajemente con una pata de la cama. Al día siguiente la chica fue hallada malherida, y logro sobrevivir pero con un daño cerebral permanente.
 A los 27 días del primer ataque, Lynda Ann Healy, de 21 años, y estudiante de psicología de la Universidad de Washington es la siguiente víctima de Bundy, quien con un golpe la dejo inconsciente y la saco de la universidad. Fue hasta el dia siguiente cuando se dieron cuenta que la chica había desaparecido. En aquel momento la policía no estableció conexión alguna entre las dos agresiones, y tampoco se realizaron muchas pruebas ni estudios en la escena del crimen. Al año siguiente los restos de Lynda Ann fueron hallados en una montaña no muy retirada de la universidad, y los casos se archivaron sin imaginar que la pesadilla estaba a punto de comenzar.
No fue sino durante la primavera y el verano de 1974, cuando se reportaron las desapariciones de varias universitarias durante algunas noches, se hablaron de aproximadamente 8 víctimas, pronto la mente de Bundy se volvió más arriesgada cuando comenzó a atacar a plena luz del día.
 La policía comenzó a investigar, todos los testimonios coincidían en ciertas características del agresor: era un hombre que solicitaba ayuda a las chicas que habían desaparecido. Bundy apelaba a la bondad de sus víctimas paseándose por los campos universitarios con muletas o con el brazo enyesado, y dejaba caer sus libros a la vista de alguna chica. Bundy sabía que las chicas no le negarían su ayuda, y menos a un sujeto cuya apariencia distaba mucho de ser alguien peligroso. Cuando Bundy tenía a las chicas en sus manos, las golpeaba con una palanca y ahí era cuando iniciaba la pesadilla. Bundy se deshacía de los cadáveres de sus víctimas en los densos bosques a las afueras de Seattle.
Pudo comprobarse que en ocasiones Bundy se llevaba a su casa las cabezas decapitadas para aplicarles maquillaje, aparte de su obsesiva necesidad de volver con frecuencia al lugar del crimen. Tras sus primeros crímenes, Bundy comienza a viajar por una buena parte del país dejando a su paso sangre y muerte. El ímpetu homicida de Bundy no solo se cobraría victimas en el estado de Washington sino también en Oregón, Utah, Idaho, Colorado y Florida. Desafortunadamente todas estas muertes parecían muy aisladas para ser conectadas entre sí.

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