Muchas historias han sido relatadas, otras de ellas han quedado enterradas en el olvido y en la profundidad de aquellas memorias que no quieren recordarlas y que se niegan a hacerlas vivir de nuevo. El Pabellón del Enigma es la recopilación de todas aquellas historias que han quedado en el más terrible abandono y que esperan que alguien las vuelva a narrar. Nombres que quizás ya nadie recuerde o que nadie quiera recordar.
sábado, 1 de abril de 2017
Entre paréntesis: Lo que no hay que callar
sábado, 25 de marzo de 2017
La Semilla de un Apartheid del Siglo XX
viernes, 24 de marzo de 2017
Aquello que no nos importa
jueves, 9 de marzo de 2017
Purim: El Milagro en tiempos de Ester
Uno de los libros más apasionantes de la Biblia es el libro de Ester. Este libro está cargado de curiosidades y de datos de gran interés. Tras la destrucción del Templo de Jerusalén en manos del Rey Nabucodonosor de Babilonia, el pueblo judío fue deportado y forzados a vivir en Babilonia.
Tras la victoria de Persia sobre Babilonia, el rey Jacarberosh o Asuero, el segundo rey persa eligió a la ciudad de Shushan como su nueva capital. Para celebrar hizo una gran fiesta para todas las personas importantes del reino. Esta celebración duró 180 días. Luego, hizo una segunda fiesta sólo para Shushan. Todos los habitantes de la ciudad estaban invitados, incluso los judíos.
Mordejai, el líder de los judíos, le advirtió a su gente que no asistieran a la fiesta, pero ellos tuvieron miedo de desobedecer al rey. Y para ser honestos, ellos se sentían honrados y felices de haber sido invitados. Por siete días ellos comieron y bebieron hasta alegrar su corazón. Sólo uno cosa les molestaba. El Rey Asuero había traído las vasijas de oro y plata del Sagrado Templo de Jerusalem y las usó para su loca celebración...
El borracho rey empezó a jactarse de que su reina Vashti era la mujer más hermosa del reino. En el último día de la fiesta, le ordenó a ella que se presentara y bailara frente a la multitud. Pero Vashti era la orgullosa nieta del cruel Nabucodonosor y se negó a aparecer en público. "¿Soy acaso una sirvienta del rey?", preguntó. En un arranque de furia, el rey la mandó a matar.
Ahora Asuero necesitaba una nueva reina y quería a alguien incluso más hermosa que Vashti. Sus hombres fueron de casa en casa por todo Persia, tomando a las jóvenes mujeres y llevándolas a Shushan donde eran retenidas como rehenes hasta ser presentadas delante del rey.
En Shushan, una huérfana judía de nombre Hadasa vivía con su tío Mordejai. Cuando los hombres del rey llegaron a la casa de Mordejai, él le dijo a Hadasa, "No temas, ve con ellos. No les digas que eres judía. Diles tu nombre Persa – Ester. ¡Dios te cuidará!".
Ester era buena, gentil y muy hermosa. Tan pronto como el rey la vio, la eligió como su nueva reina. Ester designó a siete sirvientas, una para cada día de la semana, de esta manera ella podría saber qué día era Shabat. Sus comidas eran casher. Y todo el tiempo mantuvo su secreto. Nadie sabía que era judía. Todos los días, Mordejai se sentaba fuera de la puerta del palacio para esperar noticias de Ester.
Un día, sentado en la puerta del palacio, Mordejai escuchó por casualidad a dos hombres planeando asesinar al rey. Le contó a Ester y los dos hombres fueron atrapados y asesinados. A pesar de que en el Libro Real fue registrado que "Mordejai el judío" había salvado al rey, el asunto fue olvidado rápidamente.
Poco después, Asuero designó a Hamán – el hombre más rico del reino – como su nuevo primer ministro. A todos los súbditos del reino les fue ordenado honrar a Hamán e inclinarse ante él. Todos lo hicieron, excepto Mordejai. La verdad es que estaba permitido honrar a Hamán e inclinarse ante él como primer ministro, pero él llevaba colgada en su pecho, una medalla que tenía grabada la imagen de un ídolo. Mordejai dijo que la gente iba a pensar que él se estaba inclinando también ante el ídolo y un judío tiene prohibido servir y adorar ídolos.
Hamán estaba furioso. Fue directamente donde el rey a quejarse. "Hay una nación", dijo, "repartida a lo largo del reino, que es diferente de todas las otras naciones. No comen nuestra comida, no toman nuestro vino y ¡no se casan con nuestras hijas! No cumplen con las leyes del rey y no trabajan. Cada siete días descansan y siempre están celebrando fiestas. Si me das permiso, los puedo destruir por ti. Incluso puedo pagar con mi propio dinero cualquier gasto que se presente".
Asuero le dio a Hamán su anillo real para sellar órdenes y decretos. Ansioso de llevar a cabo un trabajo perfecto, Hamán quería ejecutar su plan en el día correcto, un día de suerte bendito por sus dioses y estrellas. Hizo una lotería – purim en hebreo – para elegir el día. Luego, mandó cartas, selladas con el anillo real del rey, a cada una de las 127 provincias del reino.
"En el día 13 del mes de Adar", decía el decreto "deberán destruir, matar y asesinar a todos los judíos, jóvenes y viejos, mujeres y niños, a todos en un solo día. Su dinero y sus propiedades serán de ustedes desde ese día".
Cuando Mordejai escuchó lo del decreto, rompió sus ropas y puso cenizas sobre su cabeza en señal de duelo. Le dijo a Ester que ella debía ir donde el rey para tratar de salvar a los judíos. Ester tenía miedo, ya que estaba prohibido presentarse frente al rey sin previo aviso. Pero Mordejai le dijo, "¿Quizás fuiste puesta en el palacio para este propósito? ¡Si callas ahora la ayuda llegará a los judíos desde otro lugar, pero tú perecerás!".
Ester pidió que los judíos de Shushan ayunaran y rezaran por ella tres días. Mordejai reunió a todos los niños judíos de Shushan y les pidió que también rezaran. (Al final fueron los rezos de los niños los que fueron escuchados).
Los judíos finalmente se dieron cuenta de que no deberían haber ido a la fiesta del rey; no deberían haber comido en el banquete real ni bebido el vino, ni tampoco haber usado las vasijas del Sagrado Templo. Entendieron que este era su castigo por temer al rey más de lo que temían a Dios.
Cuando los tres días de rezos y ayuno terminaron, Ester fue donde el rey y le pidió solamente que el rey y Hamán asistieran a un banquete privado que ella estaba organizando. En el banquete, Asuero volvió a preguntar a Ester que deseaba y ella solo pidió invitar al rey y a Hamán a una segunda fiesta. Asuero se extraño pero Haman estaba encantado. Hamán ante la negativa de Mordejai a inclinarse ante él, construyó una horca de 50 codos de alto en su propio patio. Iba a colgar a Mordejai en la primera oportunidad que tuviera.
Esa noche, el rey no podía quedarse dormido. Se dio vueltas en la cama hasta que finalmente llamó a su sirviente para que le trajera el Libro Real y le leyera las crónicas del reino. El pesado libro se abrió en la historia de cómo Mordejai el judío había advertido acerca de la conspiración en contra del rey y así había salvado su vida y se dio cuenta que el judío no había recibido recompensa alguna. Hamán acudió donde Asuero Para pedirle permiso para colgar a Mordejai el judío. ¡Estaba tan apurado que ni siquiera podía esperar hasta mañana!
En el segundo banquete de la reina, el Rey Asuero una vez más le preguntó a la reina que deseaba y ella le pidió que salvara su vida y la de su pueblo ya que Haman los quería matar.
El rey Asuero estaba tan sorprendido que salió de la habitación para mantener la compostura. Temblando y con miedo, Hamán se tiró sobre la reina para rogar por misericordia. Justo en ese preciso momento, volvió Asuero y pidió que se llevarán a Haman y que lo colgaran. Al final, Hamán fue colgado en la horca que él mismo había construido para Mordejai. ¡Y Mordejai se convirtió en el nuevo primer ministro del rey, en el lugar de Hamán!
De acuerdo a la ley Persa, era imposible cambiar un decreto que ya había sido sellado con el anillo real, por lo que el rey no podía anular el decreto en contra de los judíos. Pero Mordejai recibió el anillo real para emitir cualquier decreto que creyera útil para los judíos.
Ahora era el turno de Mordejai de mandar una carta real. Decía: En el día 13 de Adar, todos los judíos del reino se organizarán para defenderse. ¡Los Persas estaban más que contentos de escuchar a Hamán y de matar a los judíos, pero si lo judíos iban a armarse y defenderse con protección real, era una historia diferente!
El 13 de Adar, los judíos del reino se juntaron y se defendieron. Miles de sus enemigos murieron incluyendo a los 10 malvados hijos de Hamán, que fueron asssunados. A diferencia de los persas que pensaban tomar dinero y bienes, los judíos no tomaron ningún botín. El 14 de Adar, dieron gracias a Dios y celebraron.










